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“Un simple y humilde trabajador de la viña del Señor” Jorge Olaechea, Sodálite Roma (Italia) Con estas sencillas palabras se describió a sí mismo el Papa Benedicto XVI, poco más de una hora después de su elección a la Sede Pontificia, al asomarse al balcón de la Logia desde donde saludó a todos. Tuve la bendición de estar presente ese 19 de abril en la plaza de San Pedro, en Roma, de asistir con emoción a un momento tan importante y de escuchar esas palabras del nuevo Papa, palabras que abrieron una serie de importantes eventos en Roma como la ceremonia en la cual el nuevo Pontífice recibe los signos de su misión como sucesor de Pedro, las primeras celebraciones, los primeros discursos y catequesis. El clima de aquellas primeras semanas estuvo marcado por una grandísima expectativa: ¿Qué habría de hacer el nuevo Papa? ¿Qué tiene que decirnos a nosotros los cristianos? ¿Qué tiene que decirle al mundo? ¿Cuál va a ser su “programa”? No se trataba ciertamente de un personaje desconocido (¿quién no conocía al Cardenal Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe?), pero ahora todo había cambiado, ahora era Pedro quien nos hablaba. El Santo Padre, percibiendo el clima y anticipándose en cierto modo a estas expectativas, el día de la Misa de inicio de su Pontificado aclaró abiertamente: “Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia”.
Y de esto el Papa nos ha dado testimonio en estos primeros meses. Benedicto XVI viene conduciendo la Barca de Pedro en modo firme y seguro, mostrándose al mismo tiempo con una sencillez y humildad que saltan a la vista de cualquiera que lo encuentra o lo escucha. Las críticas iniciales promovidas por los medios de comunicación, críticas basadas en prejuicios o manipulaciones, han caído por su propio peso. El “nuevo” Papa se ha ganado el corazón de todos, y la manifestación más reciente y hermosa ha sido la acogida que ha recibido en la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia. Tuve la oportunidad de estar también allí, y creo que la presencia y los gestos del Papa esos días resumen en cierto modo lo que han sido estos primeros meses de su Pontificado: sus palabras han sido claras y fuertes, invitándonos a la santidad y a la misión apostólica, proponiendo el modelo del Señor Jesús como Aquél que revela al hombre la plenitud de su humanidad, poniendo al centro de las celebraciones el Misterio de la Eucaristía, donde Cristo se hace verdaderamente presente.
La intensidad de la comunión con el Sucesor de Pedro se dejó sentir con fuerza en esta oportunidad. Su mensaje ha sido escuchado atentamente por más de un millón de jóvenes presentes en Colonia, y por otros varios millones en el mundo a través de los medios de comunicación. Puedo decir con certeza que la acogida ha sido grande y está comenzando a dar sus frutos. Es un signo de esperanza, como lo es todo el pontificado de Benedicto XVI, un gran signo de esperanza para la Iglesia en el mundo.
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