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La Familia Sodálite en Filipinas Imprimir E-Mail

La Hna. Stefani Navarro de los Ríos es la servidora de la primera comunidad de Siervas del Plan de Dios en Filipinas. Nació en Lima y es educadora. Con las Siervas llegó la Familia Sodálite al continente asiático, el más poblado del mundo.

¿Cómo se animaron las Siervas del Plan de Dios a ir a Filipinas?

Las Siervas llegamos a Filipinas en Octubre del 2003, por iniciativa y deseo expreso de nuestro Padre Fundador Luis Fernando Figari. Considerando sus raíces católicas y el hecho de contar con la mayor población católica en todo Asia, Filipinas se convierte en un lugar privilegiado para la evangelización de este continente. A inicios del 2003 empezamos a buscar los primeros contactos, realizamos una primera visita y las cosas se fueron dando de tal forma que se escogió la ciudad de Cebú como origen de la fundación; ciudad que providencialmente, fue la primera en donde se arraigó el anuncio de la fe en Filipinas

¿Cuántas hermanas componen la comunidad y a qué se dedican?

La comunidad recibió el nombre de «Holy Mother of Santo Niño». Es una bella combinación que resume las devociones de dos continentes: América y Asia. Combina nuestra piedad filial mariana,  representada en la imagen de la Inmaculada Dolorosa y la devoción al Santo Niño, que es la imagen del Niño Jesús que ha sido venerada desde hace más de 500 años, en los comienzos de la evangelización de este archipiélago.

Actualmente somos 7 hermanas, incluyendo 2 jóvenes filipinas que estarán llegando al Perú para iniciar su tiempo de formación. Nuestra misión es netamente apostólica. Nuestra prioridad es dar a conocer el Movimiento de Vida Cristiana, el mismo que se está expandiendo a través de las diversas asociaciones y servicios. Hay un fuerte acento en el apostolado a los jóvenes, y estamos vinculadas al «campus ministry» o pastoral de varias universidades locales.  Por otro lado, el apostolado con los adultos está cobrando más fuerza con los primeros grupos de Betania y Nazaret, ampliándose así el ámbito a más familias.

En el área educativa, enseñamos en 3 escuelas, en donde, además de tener a cargo la pastoral, enseñamos y promovemos el aprendizaje del español, tan importante para los filipinos, por formar parte de las raíces culturales y de la evangelización propiamente dicha. Por otro lado, colaboramos con la Arquidiócesis enseñando en un Instituto local de formación de seminaristas y religiosos; y además, formamos parte de la Comisión de Directores Vocacionales que promueve el apostolado vocacional en escuelas, universidades y parroquias.

¿Cómo ha sido su experiencia de encontrarse con la realidad religiosa filipinas?

Es impresionante. A pesar que obviamente también se encuentran manifestaciones claras de la cultura de muerte, la cultura filipina en sí misma, tiene una profunda religiosidad que se expresa en manifestaciones de una fe intensa con características propias: alegría, espontaneidad, fervor, intensa piedad.

Es algo que sorprende y a la vez cuestiona. Hace reverenciarnos ante la  fe tan enraizada en la cultura: la profunda vida espiritual de muchos, el rezo en familia, la misa diaria, el rezo del ángelus en establecimientos públicos como en supermercados u hoteles, la reverencia y valor de la vocación sacerdotal y religiosa, la conciencia de la presencia divina en la vida cotidiana, la caridad efectiva al necesitado, entre muchas cosas más.
 
Repito: «a pesar de las fuertes influencias de la cultura de muerte» que hace que cada vez más se vayan perdiendo esos tesoros culturales. No podemos generalizar, no todos son así, ni todos son conscientes del valor de su fe y sus prácticas piadosas, pero se encuentran en muchos;  creo que eso se convierte en uno de los retos de nuestra misión evangelizadora en este país: colaborar en el fortalecimiento de esa fe para que siga siendo expresada con fervor y ardor según las grandes riquezas que Dios ha puesto en esta cultura.

¿Cuál ha sido el crecimiento de la Familia Sodálite por allá y cuáles han sido los frutos apostólicos?

El Movimiento de Vida Cristiana ha crecido considerablemente en número, pero también en algo que considero muy importante en esta etapa: el compromiso serio con el Señor Jesús, la conciencia de la misión apostólica y la identificación con nuestra espiritualidad.  La conciencia de pertenencia a la Familia Sodálite es clara en muchos jóvenes y adultos y entienden la responsabilidad de ser los «primeros miembros» en Asia. Hay un ardor apostólico que los lleva a enfrentan con entusiasmo los retos que tenemos. 

El Señor nos ha bendecido con frutos vocacionales. Ya son dos hermanas siervas filipinas en la Casa de Formación en Lima y en pocos días serán cuatro. Por otro lado, tres candidatas se preparan para iniciar pronto su experiencia comunitaria en la comunidad en Filipinas, mientras que otro grupo de chicas sigue su proceso de discernimiento.

También hay vocaciones masculinas. Son varios los que se nos acercan pidiendo orientación espiritual para entender el llamado. Por supuesto, quieren conocer a los sodálites y preguntan por ellos. Durante la Peregrinación a Pentecostés, los delegados filipinos conocieron y compartieron por primera vez, con sodálites y otros miembros de la Familia. Además, tuvieron la bendición de compartir en un encuentro con Luis Fernando,  diversos temas, entre ellos la vocación. Luego de esta intensa experiencia, tres de ellos están abiertos a un serio discernimiento vocacional al Sodalitium.

¿Cómo describirías la experiencia de las hermanas Siervas del Plan de Dios en  Filipinas?

Es una gran bendición. Con exigencias, como toda misión implica, pero con grandes manifestaciones de la bondad y perfección del Plan de Dios. La Providencia Divina ha conducido nuestra comunidad desde los inicios, nos reverencia todo lo que Dios permite, cómo sobrepasa nuestras expectativas y cómo hace que nuestro esfuerzo fructifique desproporcionadamente por su Gracia.

Nos alegra poder servir el Plan de Dios en estas tierras asiáticas; y por supuesto, también experimentamos una fuerte comunión con toda la Familia Sodálite, a pesar de la clara distancia geográfica.
 


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