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Valencia, (NE - eclesiales.org).- La familia es «camino de santidad y primera línea de evangelización». Así lo afirmó D. Luis Fernando Figari, Fundador del Sodalitium Christianae Vitae (SCV), al intervenir en el Congreso Internacional Teológico-Pastoral que se desarrolló en Valencia como parte de las actividades con ocasión del V Encuentro Mundial de las Familias con el Papa Benedicto XVI. Destacando la importancia que tiene la evangelización de las familias para la Familia Sodálite, el fundador de varias asociaciones eclesiales ofreció algunas reflexiones así como planteamientos prácticos en torno a la familia y su despliegue en la sociedad.
Durante su intervención recordó también algunos de los problemas que afectan hoy en día a las familias. Al respecto, señaló que desde «hace ya un buen tiempo la familia viene sufriendo una crisis de grave incidencia negativa», afirmando asimismo que «un asedio sistemático busca disociar el amor conyugal y familiar de la vida de los esposos y de la familia». La Familia Sodálite, explicó a continuación, «tiene una posición clara sobre el altísimo valor de la vida conyugal y familiar y sobre su decisiva importancia en la construcción de un mundo mejor. También, ofrece una pedagogía para cooperar con los matrimonios y para que éstos cooperen entre sí en su camino a la santidad como integrantes de la Iglesia. Este camino se expresa no solamente en reflexiones y planteamientos teóricos, sino también en lo que se podría llamar un programa práctico para quien es llamado a vivir la vocación matrimonial. Se expresa, sucintamente, en cinco puntos, como los dedos de una mano, que por lo demás simboliza la acción». Como punto de partida subrayó que lo primero que debe aceptar «una persona que es bendecida por Dios con un llamado a la vida matrimonial es la santidad personal». Al respecto señaló que el esposo y la esposa «no se diluyen, sino que van al encuentro el uno del otro como personas, y por lo tanto el primer paso lógico y fundamental es vivir el dinamismo cristiano en uno mismo", y resaltó la importancia de trabajar «para integrar al Señor Jesús en tu propia vida». Como segundo punto reflexionó sobre «el hermoso y apasionante horizonte de integración como pareja. Es un esfuerzo conjunto, obviamente fundado en la búsqueda y respuesta al Señor Jesús de cada uno de los cónyuges (...) El amor de la esposa al esposo, del esposo a la esposa, debe ser un amor que se nutre del amor de Jesús». Sobre este punto recordó que el matrimonio exige «disciplina personal, ascética, renuncia a los propios egoísmos en favor del otro, un constante y renovado construir en el vital ideal del amor conyugal», y que «la perseverancia y fidelidad en el matrimonio a pesar de ventiscas y problemas es una manifestación de haber tomado en serio el camino del matrimonio sacramental como vía a la plenitud de la existencia y a la santidad». «Y sigue el tercer paso -señaló a continuación-, el paso del amor formativo a los hijos, la construcción en el respeto a la dignidad de cada cual de esa familia que han recibido como don y como tarea. Cuando hay hijos, la pareja tiene que entender que ellos son plasmación de su amor, y que Dios les ha dado la responsabilidad de amarlos y educarlos como personas humanas libres, invitadas al encuentro pleno en la comunión de Dios. No entender que los hijos son ante todo de Dios es empezar mal. Son personas confiadas a la educación, al amor, a la ternura y al cuidado de los padres». Como cuarto punto el fundador de la Familia Sodálite reflexionó sobre el trabajo. «El matrimonio cristiano es una consagración a la fidelidad. Desde ese marco se desarrolla la acción personalizadora que va forjando el ámbito humano mediante el trabajo». «Al ingresar a esta dimensión fundamental de la existencia del ser humano -añadió-, cada integrante del matrimonio debe hacerlo con el compromiso de que las aptitudes o realizaciones profesionales, el trabajo necesario para el sustento del hogar, no se conviertan jamás en obstáculo para los tres primeros pasos de estos cinco». Señalando que esto es un «fuerte desafío» en el mundo de hoy, signado por el materialismo, la visión economicista, el desempleo, el subempleo, la excesiva competitividad fomentada por una ideología del tener sobre el ser. Igualmente afirmó que «hay que tener una recta visión teológica de la realización personal y del trabajo». El apostolado fue el quinto punto que tocó L.F. Figari durante su intervención, afirmando que «desde el amor conyugal y familiar, desde una vida transformada en oración, en liturgia constante que busque dar siempre gloria a Dios (...) la vida cristiana debe irradiar y debe hacerlo con intensidad. Los cristianos casados deben volcarse al apostolado hacia los demás, no como rutina, sino con el mismo entusiasmo que deben tener en conocerse y amarse unos a otros». «Desde el corazón de la familia se debe desplegar la vida cristiana en anuncio del Señor Jesús y en compartir su caridad con los más necesitados, así como en la evangelización de la cultura y la transformación del mundo», subrayó.
«Con la conciencia de todo esto -afirmó ante de finalizar-, quisiera proponer una desmitificación de la magnitud de la empresa de la propia santidad, de la santidad conyugal y familiar. La iniciativa de la vocación al matrimonio es de Dios quien da la gracia. Con ella se debe colaborar y poner los medios, siguiendo un proceso que ayude a sobrellevar los desafíos y a alimentarse del amor, el entusiasmo, el cariño». «Las familias son la primera línea de la Iglesia. Su tarea es enorme y apasionante. Son esas 'iglesias domésticas', cuya mera mención sobrecoge por su grandeza y su misión. Por eso es bueno que los matrimonios, para ser lo que deben ser, miren siempre a la Familia de Nazaret, recen a quienes la forman, se dejen impactar por su paz, belleza y armonía, y ante esa magna escuela de fe descubran la hermosísima misión de los hogares cristianos, que ardientes en amor, fe y esperanza están llamados a dar testimonio de lo que es vivir en la luz y el calor de la ternura de Dios a un mundo que se encuentra sumido en la oscuridad de la cultura de muerte y tirita de frío porque se viene escurriendo del abrigo de la Iglesia del Señor, Ecclesia sua », concluyó recibiendo un intenso aplauso de los más de 5,500 participantes en este fundamental certamen teológico pastoral. Texto completo de la intervención de Luis Fernando Figari en el V Encuentro Mundial de las Familias
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