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Autor: Germán Doig Klinge Editorial: Vida y Espiritualidad, 2006 Páginas: 116
Este libro de poesías de quien fuera Vicario General del Sodalicio de Vida Cristiana y Coordinador General del Movimiento de Vida Cristiana puede sorprender a quienes estamos acostumbrados a otros textos del mismo autor como «El silencio y la liturgia», «La Familia, santuario de la vida» o «El desafío de la tecnología» entre tantos otros; pero en verdad, viene a ser una muestra más, en otra faceta, de la fina sensibilidad espiritual y amor a Dios y su Plan de Germán Doig.
El libro que recoge una primera antología poética de su autor, viene acompañado con el prólogo de Mons. Héctor Aguer, actual Arzobispo de La Plata (Argentina). La carátula y las ilustraciones interiores han sido realizadas por su hermana, María Elena Doig. Hemos querido transcribir unos párrafos de la presentación del libro que pueden graficar mejor lo que atesora esta publicación: Desde su temprana juventud hasta poco tiempo antes de ser convocado por Dios a su presencia, German Doig K. (1957-2001) fue componiendo una serie de meditaciones en forma de verso. No lo animaba un interés lírico o un afán literario, sino mas bien el deseo de plasmar de alguna manera sus vivencias y reflexiones personales. Como el mismo explicaba en una ocasión, refiriéndose a algunos de los textos incluidos en esta antología, se trata de «unas poesías -si acaso les cabe el nombre- que había escrito a manera de oraciones. En realidad no tenian otra intención que expresar mi propia lucha para acercarme al Senor. Y eso son, palabras que expresan mi deseo sincero de conformarme más cada día con Él...». Así, con una fina sensibilidad espiritual, valiéndose de un estilo que invita a la meditación y que despierta el propio mundo interior, aproximándose con reverencia y hondura a la realidad, Germán describe en estos textos los ecos que distintas experiencias fueron suscitando en su corazón en momentos importantes de su vida, en 1974, en los comienzos de su recorrido, 0 en otras etapas trascendentales para él. Ese impulso de poner por escrito algunas de sus experiencias interiores continuó manifestán¬dose a lo largo de los años, hasta cuando el Señor -en palabras tomadas del último poema que compone esta selección, en el que describe con tonos profeticos su propia partida- lo llama a «emprender la travesía», «el tránsito anhelado» hacia su encuentro.
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