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Vicario del Sodalicio interviene en Simposio sobre el Matrimonio Imprimir E-Mail

El Vicario General del Sodalicio de Vida Cristiana, y Coordinador General del Movimiento de Vida Cristiana, Dn. Eduardo Regal Villa, realizó una importante intervención en el Simposio «Amistad en el Matrimonio» que se desarrolló en medio de mucha expectativa en la ciudad de Lima los días 21 y 22 de octubre.

Cientos de personas se dieron cita para oír las conferencias de un grupo de especialistas en temas de familia reunidos por «Communio» como un espacio de reflexión sobre el matrimonio promovido por integrantes de la Asociación de María Inmaculada (AMI) y formando parte de la Familia Sodálite.

Dn. Eduardo Regal centró su exposición en el tema «El matrimonio como camino de santidad», explicando primero que «La llamada a la santidad nos viene del mismo Señor Jesús… es el camino que Él nos propone para ser realmente felices en nuestra vida en la tierra y para alcanzar la felicidad eterna».

«(…) el camino a la santidad no es otro que el camino de una vida cristiana coherente, constante y cotidiana. Es el camino de la felicidad… Se trata del camino de asemejarnos cada día más a Cristo, en las pequeñas y en las grandes situaciones de nuestra vida. Es recorrer la vida con Él», dijo Regal Villa.

A continuación enfocó la santidad en la vida matrimonial en cinco dimensiones importantes e integrales: 1) «La santidad vivida en el matrimonio, atañe ante todo la dimensión personal, única e insustituible»; 2) «Implica la vida compartida con el esposo o la esposa»; 3) «Tiene relación también con los hijos que Dios les quiera conceder»; 4) «Está también relacionada con el trabajo cotidiano»; 5) «finalmente con la dimensión, también de cada día, de dar testimonio de la vida cristiana anunciando al Señor Jesús en la actividad apostólica».

Explicando cada una de estas dimensiones resaltó que «el camino a la santidad es ante todo un camino personal» porque «cada uno de nosotros está llamado a ser santo o santa en su situación específica… Responder al llamado o no hacerlo está en relación a la propia felicidad. Es decir cada uno es ante todo responsable de sí mismo ante Dios». A lo que agregó: «La santidad personal comienza pues por buscar con docilidad el Plan de Dios» y «esto demanda ante todo una relación de amistad y encuentro con Jesús».

También señaló que la santidad en el matrimonio es «un camino compartido» porque «los esposos no viven solos y si bien la santidad personal es siempre el primer paso éste se realiza en la vida conyugal». Por eso «el sí del día feliz del matrimonio ha de resonar sin cesar hasta el momento en que pronunciamos nuestro último sí terreno». «El paradigma del amor mutuo está en Cristo. La pareja de esposos está invitada a amarse con la misma calidad de amor con que el señor ama a su Iglesia… y el Señor ama a su Iglesia tanto que está dispuesto a dar su vida por ella».

En palabras muy emotivas consideró que «el amor no es egoísta pues mira, ante todo, el bien del otro… Se trata de la preocupación por la santidad de tu esposo o esposa. Ayudar a tu pareja a acercarse verdaderamente al Señor en su vida cotidiana. El verdadero amor es aquel que permanentemente señala al otro el camino hacia el Señor Jesús con la propia vida».

«El camino de la santidad en el matrimonio —añadió— pasa por aprender a compartir en lo sencillo, hacer de los ordinario algo extraordinario, es buscar espacio para compartir, para pasear juntos y renovarse el uno al otro. Es rezar en familia. Es ayudar a quien lo necesita… es aprender a vivir el perdón una y otra vez, incansablemente… Es dejar de lado el rol de juez del otro para perdonar en lo pequeño y en lo grande».

En ejemplos muy concretos y cercanos, Eduardo Regal, subrayó el valor de gestos matrimoniales como: «levantarse de madrugada cuando el otro lo necesita, cuando los niños lloran… escuchándola aunque te parezca que habla en exceso… suscitar al diálogo cuando tu pareja por diversas razones se vuelve poco comunicativa. Es lavar los platos. Es tender las camas. Es atender al enfermo con prontitud y paciencia. Es quitar las distracciones que te impiden mantener un buen diálogo, es apagar con prontitud el televisor para tener más espacios de encuentro personal, es bajar el volumen de la música, apagar el celular cuando conversan seriamente».

Más adelante explicó que la santidad matrimonial también es «un camino compartido con los hijos», de quienes dijo «son una permanente invitación a la propia donación, a la entrega sin esperar recompensa, a poner todo de nuestra parte para buscar su felicidad plena. El camino de la santidad en el matrimonio pasa por buscar la santidad de los hijos comenzando por la educación en la fe».

La otra dimensión que abordó fue la del trabajo cotidiano al que definió como «una ocasión excelente para crecer en santidad» y desarrollar aspectos de nuestra personalidad como la tenacidad, el esfuerzo, la creatividad… ocasión para dar testimonio de integridad cristiana y coherencia… Ocasión para crecer en virtudes esenciales como la verdad, la paciencia, la perseverancia, la fidelidad, la templanza, la fortaleza».

Al llegar al final de su intervención recordó las palabras del Papa Juan Pablo II: «¡El futuro de la humanidad se fragua en la familia!». Y añadió que «la familia no puede quedarse encerrada sobre sí misma. Como reflejo de la Iglesia, como esa Iglesia doméstica que es, tiene como misión anunciar la Buena Nueva de la Reconciliación a todos… abriéndose a la dimensión de testimonio y anuncio a otras personas y familias».

El Simposio fue clausurado con una Misa familiar celebrada el domingo 22 de octubre, en la capilla del Colegio Inmaculado Corazón, en cuyo auditorio se desarrollaron las ponencias el día anterior.


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