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El siguiente artículo apareció en el Diario Comercio el día sábado 12 de mayo en la página editorial. Benedicto XVI y la iglesia Latinoamericana Aparecida y la nueva evangelización El subjetivismo ha debilitado una adhesión fiel y amorosa a las enseñanzas de la Iglesia Por Luis Fernando Figari Sodalicio de Vida Cristiana Desde los tiempos de la evangelización constituyente la Iglesia que peregrina en América Latina ha ido anunciando a Jesucristo, redentor y reconciliador de la humanidad. Siempre fue una misión de todo el Pueblo de Dios, lo que incluye a los fieles laicos. La responsabilidad de la dirección pastoral estuvo y está a cargo de los obispos. Para mejor cumplir su tarea los pastores se reúnen para intercambiar ideas. Por ejemplo, ya en tiempos de la Colonia los obispos de América desde sus centros en Lima y México, se reunieron en concilios provinciales, como los famosos concilios limenses. Durante el cambio del siglo XIX al XX, en tiempos en que se reflexionaba sobre la identidad latinoamericana, se celebró en Roma el Concilio Plenario de América Latina. Fue este un hito decisivo que recogió la savia viva de la fe que fluía en tierras del pueblo continente. Avanzando el tiempo se produjo otra forma de encuentros. Se llamaron las Conferencias Generales del Episcopado. Desde la primera en Río de Janeiro (1955), la segunda en Medellín (1968), la tercera en Puebla de los Ángeles (1979) y la cuarta en Santo Domingo (1992), cada una ha tenido sus aportes que ofrecer a la marcha de la Iglesia en América Latina. En estos inicios del tercer milenio, se desarrolla una nueva Conferencia en Aparecida (Brasil). El papa Benedicto XVI ha invitado con notable fineza teológica y sensibilidad pastoral a que la Quinta Conferencia General se entregue a profundizar en el tema: "Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida. 'Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida' (Jn 14, 6)". La centralidad del Señor Jesús y sus enseñanzas quedan así señaladas como fuente y culmen de la vida del ser humano, y como centro de la nueva evangelización a la que deben comprometerse los latinoamericanos. El título puesto por el Papa responde al diagnóstico y a la tarea. No se duda que urge un anuncio más intenso de Jesús en Latinoamérica. El divorcio entre fe y vida ha afectado a muchos. El subjetivismo ha debilitado una adhesión fiel y amorosa a las enseñanzas de la Iglesia, especialmente en ciertos sectores de la sociedad. Precisamente por ello se viene convocando a una nueva evangelización que ayude a las personas a tener una fe madura, vivir auténticamente la vida cristiana, avanzar hacia la meta de la santidad a la que todo fiel está llamado y a compartir activamente la fe de la Iglesia como misión irrenunciable de cada creyente. Ante los tiempos nuevos se vislumbran nuevas oportunidades para proclamar a Jesús y sus enseñanzas. Él apela a la mente con la verdad, cuya belleza despierta la emoción, e invita a recorrer su sendero buscando hacer el bien. Se trata de un compromiso vital, cotidiano, con la vida misma, y en todos los ámbitos de la existencia, desde el familiar y laboral hasta las diversas realidades culturales y sociales. Todo ello se encierra en las palabras "discípulos y misioneros". El santuario de Aparecida con su impronta mariana ya va señalando el camino. La Virgen María, discípula y misionera por excelencia, echa luz sobre cómo hemos de vivir esas dimensiones en América Latina. María, la Virgen fiel, creyendo el mensaje divino responde al plan de Dios e ingresa a la comunión íntima con Jesús, y se lanza a visitar a su parienta Isabel, llevándole tanto la buena nueva como su consecuencia, la expresión solidaria que busca salir al encuentro de sus necesidades. ¡La síntesis evangelizadora en acción!
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