|
Desde el Valle del Colca, Arequipa Una de las zonas visitadas recientemente por las Misiones organizadas por la miembros de la familia espiritual del Sodalicio de Vida Cristiana fue el Valle del Colca (3,200 m.s.n.), una zona situada a 1200 km. al sur de Lima, la capital del Perú. Nuestro anfitrión fue el Padre Joel Chipana Palomino, párroco de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Chivay. El Colca es uno de los más bellos parajes de Arequipa y de toda la sierra peruana, pero al mismo tiempo es una zona pobre, cuyo desarrollo es urgente. De 36 años, el P. Joel se ordenó en 1995 y lleva seis como Párroco de Chivay. En esta entrevista nos habla de su labor pastoral y su relación con los miembros de la Familia Sodálite. Exigente labor Pastoral Padre Joel, cuéntenos un poco de su parroquia, ¿qué pueblos abarca y qué trabajo realizan? La parroquia tiene su sede en Chivay, pero abarca varios distritos que antiguamente eran parroquias con sus respectivos sacerdotes pero en estos últimos tiempos por la carencia de sacerdotes, varias parroquias están unificadas. Éste es el caso de Chivay. Atendemos necesidades de los pueblos de la zona alta como Tuti, Canocota y luego también pueblos de la zona baja, intermedia del Valle del Colca. Por la margen derecha están el pueblo joven de Sacsaihuamán y los distritos de Coporaque, Ichupampa, Lari y Madrigal y por la margen izquierda están los otros pueblos como Maca, Achoma y Yanque. En total son diez pueblos y en la parte alta existen también algo de doce anexos que pertenecen a estos distritos que tienen su capital en el Valle del Colca. Entonces atendemos a toda esa zona el padre Gaspar Quispe que es el Vicario Parroquial y yo, y normalmente cada año hemos tenido o seminaristas o diáconos que también nos han apoyado siempre en el trabajo pastoral. ¿Y un promedio de cuántas familias o cuántas personas son las que atienden ustedes en esta jurisdicción? Toda esta parroquia comprende alrededor de 16 mil habitantes. Principalmente están concentrados en el Valle del Colca, en estos distritos más importantes de esta provincia de Caylloma. A todos ellos tratamos de atenderlos en la medida de lo posible con la misa dominical, para lo cual empezamos desde el sábado en la noche para poder llegar a todos Y durante todos estos años que usted tiene de experiencia allá en el Valle del Colca, ¿qué le ha significado todo ese trabajo? Bueno, en primer lugar es continuar una obra evangelizadora que comenzaron en el siglo XVI los franciscanos, pues han dejado una zona muy cristiana, muy religiosa con bastantes obras de arte, como también bastantes actitudes cristianas propias de la vida actual de estas comunidades, a las que hoy le damos continuidad. Antes de que llegáramos estaba bastante abandonado, incluso hubo un tiempo en que hubo un solo sacerdote para toda la provincia. Pero en tiempos actuales, del año '90 en adelante, quizás lo que más resalta es ya somos dos sacerdotes; en Chivay, en el año '98 vienen dos sacerdotes; y las otras parroquias como Callalli y Cabanaconde también se van dotando de sacerdotes; finalmente se hace un equipo en Chivay con nosotros a partir del año '99. Por una parte hemos tendio retos exigentes: la presencia muy fuerte de hermanos separados del protestantismo, de las sectas; por otra parte otros males como el alcoholismo, la violencia familiar, la pobreza y una indiferencia bastante fuerte por cuestiones políticas e influencias marxistas que contrarias a la Iglesia. Lo positivo es que nos ha tocado también una recuperación tanto material como espiritual. Recuperación digo, especialmente, refiriéndome a la restauración de los templos a cargo de la cooperación española que trabaja en convenio con el Arzobispado y las municipalidades a través del cual se están recuperando todos los templos del Valle del Colca, principalmente en mi sector. Pero esa recuperación material, artística, cultural, había que complementarla con una recuperación espiritual, humana; y nuestro trabajo de sacerdotes ha estado centrado en ello. Por eso nuestro contacto con la comunidad, la catequesis, los sacramentos, y principalmente este apoyo de los misioneros ha significado pues reavivar esa fe que existía, cooperar con esa recuperación espiritual, para que no sea solamente una recuperación material, turística, sino que haya una recuperación en el aspecto humano, en el aspecto de la fe.
¿Y de qué manera están recuperando esa fe? Principalmente hemos entrado en algunos pueblos con trabajo intensos de catequesis con los niños, con los jóvenes, a través del canto, la oración, los paseos, algunas actividades parroquiales como concursos y ello nos ha facilitado que la comunidad despierte, participe activamente, recupere su identidad cristiana y católica. Ello también ha significado el incremento de matrimonios, de bautismos, y muchos hermanos que estaban ya en las iglesias separadas han regresado y ahora participan activamente en la Iglesia Católica. Tenemos ahora incluso el apoyo de catequistas adultos y jóvenes del lugar y profesores de religión. Por otro lado hemos por ejemplo editado un cancionero y devocionario en castellano y en quechua que nos ayuda también con la evangelización. Misioneros del Movimiento de Vida Cristiana
¿Desde qué año vienen trabajando los misioneros en su parroquia? Hace varios años atrás, se ha iniciado esta cooperación con muchos frutos en el sentido de apoyarnos a veces una o dos veces al año, espacialmente en la temporada de Navidad, y vacaciones de medio año y sobretodo abarcando todos los pueblos en diferentes formas con las misiones populares. Esto ha significado un gran apoyo para nosotros, en la catequesis, en sensibilizar a la gente, como también, abrirles tanto el corazón como la mente de esta población del Valle del Colca, en el sentido de que hay jóvenes católicos de la ciudad que se preocupan por ellos, que comparten su tiempo y también comparten algunas otras cosas como ropa, juguetes y todo lo que han podido llevar. Entonces ha servido de manera muy en especial en ese aspecto de ayuda social como también reforzamiento al trabajo que venimos haciendo.
¿Cuál es su apreciación general propia del trabajo de los misioneros del Movimiento de Vida Cristiana? De alguna manera, estos nuevos movimientos reflejan el dinamismo propio de la Iglesia de hoy, especialmente inculcado por el Papa Juan Pablo II. De verdad se nota una gran diferencia, en el caso del Movimiento de Vida Cristiana, es característico el entusiasmo, la organización, el esfuerzo y el sacrificio que le ponen muchas veces, a pesar del frío, la distancia y las limitaciones que hay en los pueblos; siempre se ha notado ese esfuerzo por evangelizar y tratar de llegar a todas las familias, a todos los niños, especialmente a los ancianos, a los más necesitados y eso se ha notado y mucha gente de verdad está muy agradecida allá en la zona. Usted mencionaba al principio algunas necesidades, ¿cree que los jóvenes misioneros de alguna manera le han ayudado con ello? Sí, aparte de ayudarnos netamente con lo que es la evangelización, la fe, la catequesis, también nos han apoyado en algunas cuestiones materiales. Los misioneros del MVC, nos han ayudado, por ejemplo, a mejorar la infraestructura de las casas parroquiales, la cocina, etc., que nos sirve de mucho para podernos quedar en esos pueblos y facilitar el trabajo pastoral, ya que la distancia entre los pueblos es grande. Estamos agradecidos por eso también. Por otro lado, ¿cuál ha sido la respuesta de los pobladores frente a la iniciativa misional? En general, responden con la participación, también muy agradecidos, a pesar de que la población en general su fe está centrada en las fiestas, en la tradición religiosa. Las fiestas patronales pesan mucho allá, pero a pesar de eso hay una apertura, se va notando una participación, un interés por ampliar más su visión de lo que es la vida cristiana católica, entonces poco a poco se está logrando esa apertura y al mismo tiempo, el interés que le ponen a los cantos, las oraciones, las nuevas formas y sobretodo ese amor, esa devoción fuerte a la Virgen.
Seguramente no faltarán las anécdotas o alguna historia de misiones que nos pueda contar... Sí, ha habido a lo largo de estos años de las misiones anécdotas que algunas veces han estado centradas en la participación de los jóvenes con su entusiasmo en las actividades sociales del pueblo: escarbar la acequia por ejemplo. También una vez un grupo se perdió por ahí en las alturas o el tener al frente unas comidas desconocidas, cruzar los ríos... Ha habido varias cosas que han alimentado ese aspecto gracioso, pero que también al mismo tiempo ha sido parte de ese entusiasmo, de ese esfuerzo, de ese deseo, de compartir todo con los pobladores y de esa manera lograr esa cercanía, amistad y familiaridad. Padre, usted mencionaba al principio de la entrevista que habían pocos sacerdotes en la zona, ¿cree que las misiones colaboran con el trabajo pastoral del lugar? Ciertamente la carencia, a pesar de que estamos trabajando dos sacerdotes y un diácono no es suficiente. La carencia se nota y también la necesidad como la expectativa de nuestros fieles cada día crece en el sentido de pedir más orientación, más sacramentos, más formación cristiana doctrinal, eso también crece. Entonces no es suficiente dos sacerdotes y un diácono, de verdad quisiéramos más. Pero al mismo tiempo las misiones se convierten en un dar y recibir.
Dar quizás su tiempo, su esfuerzo, sus vacaciones, incluso algunas cosas materiales, pero al mismo tiempo también recibir el cariño, el afecto, agradecimiento, muchas veces muy sincero, muy profundo de los niños, de la gente sencilla, de la gente de la zona, eso siempre ha sido lo más característico, lo más bonito como fruto de estas misiones, una amistad fuerte, profunda que ha hecho que algunos de los misioneros incluso hayan regresado para compartir otros gratos momentos. Padre, ¿quisiera agregar algo? Bueno simplemente, continuar con este trabajo para la gloria de Dios y para el bienestar de nuestras poblaciones altoandinas del Colca. Sería muy bonito continuar los próximos años con estas misiones, tal vez ampliando más el tiempo o las actividades. Es verdad, cada año siempre ha habido creatividad, cosas nuevas y eso ojalá que crezca y aumente, para ser cada vez más una Iglesia más dinámica, comprometida, viva partiendo de la religiosidad propia del pueblo hacia otras alternativas de vida cristiana, a otras formas de compromiso, apostolado, de solidaridad. Invitamos a que así como participa el MVC, también otros grupos puedan hacerlo. Ver fotos del Valle del Colca
| Arequipa, 15/08/05 - Noticias Sodálites |
|