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En concurrida Eucaristía se recuerda sétimo aniversario del tránsito de Germán Doig Imprimir E-Mail

Lima, 21/02/08 (NE – eclesiales.org).- En una multitudinaria celebración Eucarística en la iglesia Nuestra Señora de la Reconciliación, en la ciudad de Lima, se conmemoró el sétimo aniversario del tránsito de Germán Doig Klinge, SCV. Así como en Lima también en diversos lugares del mundo donde está la Familia Sodálite se recordó a quien fuera durante varios años Vicario General del Sodalicio de Vida Cristiana, así como Coordinador General del Movimiento de Vida Cristiana. Germán Doig, reconocido evangelizador y pensador peruano, fue llamado a la Casa del Padre el 13 de febrero de 2001, tras una intensa labor al servicio de la Iglesia y de la Nueva Evangelización.

La celebración Eucarística en la capital peruana fue presidida por el Cardenal Francisco Javier Errázuriz, Arzobispo de Santiago de Chile. La iglesia estuvo completamente llena y cientos de personas tuvieron que seguir la Misa desde el atrio y exterior del templo en el que se había puesto una gran pantalla. Entre los presentes se encontraba D. Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, familiares y amigos del recordado laico consagrado, miembros de la Familia Sodálite y otros cientos de fieles que ven en Germán Doig una referencia de vida cristiana.

Durante su homilía el Card. Errázuriz recordó que «en muchos lugares son numerosos los fieles que se reúnen hoy a elevar sus preces a Dios, para recordar a Germán» y para «agradecer su vida y servicio a la Iglesia». «Tempranamente Dios lo había llamado. Tan pronto lo quiso junto a Sí. Pensamos que ya quería premiar según sus obras a este siervo suyo, consagrado en el Sodalitium Christianae Vitae, que había entregado lo suyo como creativo intelectual católico latinoamericano, y valioso y recordado miembro de la Iglesia».

En su homilía el Purpurado chileno recordó diversos encuentros que tuvo con Germán desde que lo conoció a principios de los noventas, en los que pudo «apreciar su talante de hombre de fe, cristiano cabal, de gran amor a la Iglesia». «Estoy seguro que muchos de ustedes fueron testigos del ardor interior con que hablaba de Cristo, de su gran amor a la Virgen María, de su fidelidad a la Iglesia y a su Magisterio, y se sintieron alentados por la fuerza que ponía en recordar con todo su ser el llamado universal a la santidad de cada bautizado».

«Su paso por este mundo, a pesar de su manera de ser discreta e interior, es hoy más conocido. Son numerosos los cardenales y obispos que lo recuerdan con gratitud y admiran su vida cristiana. Ustedes mismos recuerdan las cualidades humanas y espirituales que lo caracterizaban», añadió.

Más adelante destacó que la vida de Germán «estuvo profundamente unida al desarrollo del Sodalitium», al que «desde joven se vinculó y se entusiasmó con sus ideales». «Sin duda son muchos los jóvenes y también las personas de otras edades que miran la vida de Germán y se sienten alentados a un mayor compromiso con Jesús, y a decir 'sí' al llamado que reciben. Es cierto, Germán es conocido por tantas cosas buenas en el campo del estudio, de la difusión de la oración, de la promoción del laicado, de la comunión entre los movimientos eclesiales, del apostolado, pero es particularmente relevante que entre los jóvenes y las jóvenes haya quienes se descubran estimulados por su memoria para seguir a Cristo y responder a esa vocación universal a la santidad a la que todos somos llamados desde el Bautismo».

El Cardenal Errázuriz recordó también entre otras cosas la obra poética de Germán Doig, «en la que ha quedado plasmada su visión de la existencia, su fe, su amor a Dios, su cercanía íntima con Cristo, su piedad de hijo para con María, su afán evangelizador».

«Para finalizar, quisiera recordar que una de las características de Germán muchas veces señalada ha sido su afán y compromiso con la evangelización. Era un discípulo misionero del Señor, que ardía por conducir hacia la verdadera vida en Cristo, ardía por evangelizar. Incluso en el obituario que publicó L'Osservatore Romano se le llamaba 'Apóstol de la Nueva Evangelización'. ¿Quien puede dudarlo? Su vida y sus obras muestras nítidamente esta vocación evangelizadora y misionera. A lo largo de su existencia aportó siempre con lucidez y hondura espiritual de su pensamiento, hermosamente confirmado por su testimonio alegre y sereno de amor a la Iglesia, de solicitud fraterna y de generosa disponibilidad».

«Al partir a la Casa Paterna nos ha dejado muchas cosas. Entre ellas brilla con intensidad su legado evangelizador. Dar todo por Cristo. Pasó por este mundo, peregrinando por las huellas de San Pablo: 'Mi vida es Cristo y mi muerte una ganancia'. Es lo que más quería, vivir conforme a Jesús y anunciar a Jesús al mundo que tiene tanta hambre y sed de El. Ese es también nuestro camino, y la esperanza firme que tenemos en el futuro de nuestros pueblos y de nuestra cultura, fermentada por el Evangelio, por el mismo Cristo, Evangelio del Padre».

«Hoy toca a ustedes, no solamente recibirlo y atesorarlo como un temprano don, sino también avanzar por esa misma ruta que El recorría, asumiendo y realizando cada vez más la gran misión de la Iglesia en América Latina para anunciar a todos que Jesús es el Señor, de modo que nuestros pueblos tengan en El vida en abundancia», concluyó.

Germán Doig Klinge nació en Lima el 22 de mayo de 1957. Fue Vicario General del Sodalitium Christianae Vitae desde 1992, y Coordinador Internacional del Movimiento de Vida Cristiana desde 1985. Asimismo, fue también iniciador y director del Instituto Vida y Espiritualidad y de la editorial del mismo nombre, así como de la revista de reflexión VE, desde 1985. Como invitado especial del Papa Juan Pablo II, Germán Doig participó en la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo, en 1992. Años después, en abril de 1996, fue nombrado por el Santo Padre miembro del Pontificio Consejo para los Laicos.

Asimismo, participó por nombramiento como auditor en la Asamblea Especial para el Sínodo de América celebrada en el Vaticano, del 16 de noviembre al 12 de diciembre de 1997. En 1999 la Pontificia Comisión para América Latina le confió dar en el Vaticano una conferencia sobre las «Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano», de la que era el más reconocido experto. Luis Germán José Doig Klinge, SCV, fue llamado a la Casa del Padre el 13 de febrero de 2001.


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