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Entrevista a Marcelo Rodríguez Imprimir E-Mail
Marcelo es el director de la reciente obra presentada por Teatro CONVIVIO; tiene 23 años y estuvo estudiando tres años derecho pero decidió hacer su traslado a Comunicaciones llevando dos especialidades, comunicación para el desarrollo y artes escénicas.

Marcelo ¿Cómo empezaste con el teatro?

Desde que era chiquito me gustaba, participé en las actuaciones por el Día de la Madre, 28 de julio, etc. Y cuando estuve en quinto de primaria me cambiaron de colegio al Humboldt, allí había una escuela de teatro. Primero participé en un taller y allí veían si tenías buena voz, si tenías algunas condiciones y te invitaban a estar en la escuela. Cuando ingresabas a la escuela se llevaba un ritmo fuerte de ensayos, nueve horas a la semana, que para el colegio es un montón.

Entonces empecé a hacer teatro a los trece años, cuando estaba en primero de media, eran obras escolares, hicimos una vez Fausto de Goethe, hemos hecho obras de Oscar Wilde, obras difíciles que tomaban todo un año de preparación y allí fui aprendiendo con una profesora que me fue enseñando a impostar la voz, expresión corporal, manejo en el espacio escénico. Me gustó desde ese momento y desde primero de media hasta que hice bachillerato seguí todos los años actuando.

Todo lo que yo sé lo aprendí en la escuela de teatro del colegio Humboldt.Fue precisamente por el teatro que conocí al Movimiento de Vida Cristiana; yo estaba en bachillerato del colegio en el 2003 y una amiga que era de mi promoción me pasó la voz que estaban haciendo un teatro y necesitaban gente para actuar. Se trataba del teatro CONVIVIO 2003, me pareció interesante lo que me contó, entonces fui a la audición, pasé la audición y empecé a asistir los viernes al Centro Pastoral «Santa María de la Evangelización» para ensayar.

Como te decía, yo participé actuando en muchas obras desde los trece años, pero en ésta me daba cuenta que era diferente, nunca había hecho un auto sacramental, me comenzó a cuestionar mucho acerca de lo que yo le daba al público que iba a ver la obra, entonces me di cuenta que todas las obras que había hecho antes eran entretenidas, algunas graciosas, pero en el fondo no daban algún mensaje de esperanza, o algún mensaje bueno a la gente, sino que era un entretenimiento.

Siempre estuve muy preocupado por la calidad de la actuación, si es que se veía bien, etc. Me cuestionó mucho que el se pusiese mucha atención en el mensaje evangelizador que se transmitiría al público. Me di cuenta de esto porque muchas veces no se le daba mucha importancia al ensayo, sino a que nosotros entendamos, por ejemplo, qué eran los personajes que nosotros interpretábamos de esa obra que fue «El gran mercado del mundo».

Entonces a mí al principio me parecía mal y pensaba cosas como «eso técnicamente no está bien» o «esa chica no tiene buena voz» pero poco a poco me fui dando cuenta que era un teatro diferente, distinto a lo que yo había vivido antes y se generaba una mística de grupo que yo no había tenido en los grupos de teatro del colegio, a pesar de haber actuado mucho tiempo con ellos.

Conversábamos mucho sobre qué habíamos reflexionado con los personajes, con estos diálogos, en verdad empecé a darme cuenta como la obra y el personaje que yo interpretaba me exigía vivir lo que presentaba en la obra. Algo que me llamó la atención fue que la historia que se presentaba en «El gran mercado del mundo» no era una ficción, sino que en realidad era una alegoría de la vida; entonces, yo representaba algo que a la gente si le apelaría, yo interpretaba a la concupiscencia.

Entonces me empezó a cuestionar mucho todo esto y desde ese momento comenzó un encuentro con el Señor más intenso, luego iba más seguido al Centro Pastoral, participé en otras obras pequeñas y comencé a vivir como un cristiano más comprometido.

¿Por qué presentar «Los encantos de la culpa»?

Un amigo me contó la trama de esta obra y todo el tema de los sentidos, las tentaciones sensibles, me pareció un tema muy actual y como se trataba de un teatro CONVIVIO, son cosas que viven los chicos, son cosas cercanas a ellos, la flojera, el apego a lo carnal, me parecía que tenía muchas cosas interesantes para explotar, y por otro lado el auto sacramental me parecía un género muy interesante, tenía una cercanía porque había visto «El gran teatro del mundo» y actué en «El gran mercado del mundo», experiencias que me acercaron a los auto sacramentales, En el momento en el que estuve actuando en el teatro de CONVIVIO nos explicaron todo sobre los autos sacramentales, por qué se escribían, en qué época, entonces me pareció que era bueno seguir con la tradición. Me di cuenta que tiene mucho que decir al público de ahora. Por otro lado me permitió trabajar con muchos actores e incorporar músicos, bailarinas, etc.

Pensaba que debía ser una obra que sirva para evangelizar a través del arte al público que vería la obra y también a los que estaban en toda la producción, en este sentido ayudarlos a descubrir los dones que tienen y que el don del arte es algo muy especial que deben saber desplegarlo, compartirlo, entender que preparar una obra implica esfuerzo y dedicación.

¿Es la primera vez que diriges una obra de esta magnitud?

He dirigido obras pequeñas en el Movimiento de Vida Cristiana, para Navidad, teatro de enanos, y otras obras también, pero es la primera vez que me encargo de un proyecto grande, de un proyecto que implicó mucha gente.

¿Cuál es el inicio de «Los encantos de la culpa»?

Al principio hicimos un taller de teatro para que los chicos aprendan algunas cosas y luego empezamos a hacer audiciones para ver qué papel asumiría cada uno. Hasta allí para ellos era un taller de teatro, luego empezamos a conversar con ellos, a medida que íbamos avanzando con el guión, a ver qué cosas iban entendiendo, qué les parecía, muchos fueron preguntando qué cosas iban entendiendo, qué les parecía, muchos fueron preguntando quién era la Fe, quién la
Reconciliación, porque eran los personajes que tenían que encarnar y fuimos haciendo explicaciones sobre los personajes.

Después de esto empezamos a ensayar propiamente la obra, teníamos momentos de compartir, luego por el terremoto del 15 de agosto tuvimos que parar los ensayos, hasta finalmente posponer la presentación de la obra.

Pasamos después a una segunda etapa, era necesario que los chicos entiendan que no se trataba de una obra de colegio, es una obra que cuesta trabajo, y justamente la obra hablaba de las pruebas, de las tormentas en el mar, empezamos a explicarles que era importante que vivan lo que la obra transmite. Esto empezó a cuestionarlos y se notó un esfuerzo porque les tocó ensayar en verano, cuando estaban de vacaciones.

Esto empezó con tres personas que nos sentamos a ver qué podíamos hacer, empezamos a soñar, luego fuimos escribiendo las cosas, fue un tiempo de aproximadamente un mes que nos tomó pensar todo, buscar el guión, empezar a adaptarlo, los que estábamos detrás de esto éramos los que habíamos actuado en el teatro de CONVIVIO 2003 y de alguna manera queríamos que estos chicos tengan la misma experiencia que nosotros.

Ha sido un esfuerzo de muchas personas, que me alentaron para encargarme de esta obra, que me ayudaron a adaptar la obra, era un reto manejar un texto de Calderón de la Barca. Para mí y para muchos ha sido una experiencia de crecer, de madurar, de ver que si somos capaces, con la ayuda de Dios, de sacar adelante algo grande.

¿Qué piensas del impacto que ha tenido esta obra en las más de 1,600 personas que acudieron a las presentaciones?

Ha sido una ocasión para reafirmarme en lo que yo creo que el Señor me pide, es decir en tenerlo más claro: todo empezó con el cambio de mi carrera profesional, el arte de hecho ante los ojos del mundo no te da mucha estabilidad económica, por más que es algo que me gusta, siempre pensé en tenerlo como un hobby o algo así.

Entonces cada vez empecé a darme cuenta que Dios me había dado dones que los debía aprovechar bien y veo que donde el Señor me ha puesto, en esta familia espiritual, es necesario gente que trabaje en la evangelización de la cultura.

Al ver la respuesta de la gente y de los chicos, vi que se había cumplido el objetivo para lo cual habíamos pensado todo. Me llenó de satisfacción el hecho que hayamos sido un buen instrumento de Dios, a pesar de las imperfecciones, Él se valió de esto para llegar a mucha gente.

El día del estreno los chicos me regalaron una tarjeta en la que casi todos escribían en sus testimonios: «he aprendido a no ser tan engreído, a no dejarme llevar por los gustos, a esforzarme por algo grande», entonces veo que el Señor también ha actuado en ellos a través de la obra, esto me impulsa a decir que esta experiencia la tienen que tener más chicos.

¿Nuevos proyectos en mente?

Esto puede crecer más, una escuela de formación actoral para actores católicos, por ejemplo, el horizonte se va haciendo más grande y todo empezó de una pequeña iniciativa como esta producción. De todas maneras continuamos con teatro CONVIVIO, mantener a la gente que actuó, vendrá gente nueva, que tendrán la oportunidad de preparar una obra, de aprender, etc. Teatro CONVIVIO puede llegar a ser una referencia para todos los jóvenes. La idea es que esto sea grande.


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