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| Diario El Comercio, Perú, 29/09/05 - Contracorriente |
Por Miguel Ángel Cárdenas M. AUDACIA MUSICAL. Por cuarto año consecutivo se llevó a cabo el Certamen de Audición Musical que reúne a cientos de colegios en Lima y provincias y que esta vez consistió en la identificación de las sinfonías de Ludwing van Beethoven. La final se definió en un segundo Eran dos muchachos de temperamentos elevadamente contrapuestos, uno excesivamente agudo y el otro desmedidamente grave; sudando de oído. Enfrentados en la gran final del Cuarto Concurso de Audición Musical: Pablo Rosales del colegio Santa María de Chincha y Jorge Robles del Santa María Marianistas de Lima parecían reproducir el contrapunto milenario que ha juntado y separado por siempre a perros y gatos. "Para mantener una verdadera perspectiva de lo que valemos, todos deberíamos tener un perro que nos adore y un gato que nos ignore", dijo una vez Derek Bruce.
Jorge Robles ─rojo, de gestos calientemente calculados─ se desvivía al límite por ganarle a Pablo Robles, con devoción y entrega solo perruna. Pablo Rosales, al contrario, ─lentes garrafales y gestos de iceberg─ únicamente se concentraba en sí mismo, casi autista; ignorando gatunamente a Jorge. Ambos intentaban descifrar a cuál de las nueve sinfonías de Ludwing van Beethoven pertenecía la pieza que escuchaban a través de unos audífonos por solo segundo y medio (una audacia musical que requiere una memoria sutil, de quien se deleitaría escuchando el pulso de las alas de un colibrí). Otros 58 muchachos de 11 a 17 años se habían quedado ya, en rondas acezantes, por un oído. MÚSICA PARA ÁGUILAS Es una especie de "Campaneando" de música clásica, que busca desde hace cuatro años fomentar el gusto por los grandes compositores de la vertiente universal. Así, hubo 130 colegios inscritos, pero solo quedaron 60 representantes: 50 de escuelas de Lima y 10 de provincias. El concurso consiste en que los muchachos escuchen un fragmento de una composición a través de unos audífonos, identifiquen a qué sinfonía pertenece y escriban en una pizarra el código con que es asignada. Seis juezas, a través de sus computadoras, ingresan los resultados para que un jurado ─con el ceño de oidores virreinales─ decrete quién se queda o se va, con la sangre en el oído. Los concursantes tienen un mes para prepararse. La primera vez se efectuó con composiciones de Chopin, luego con las estaciones de Vivaldi (ganó un chico de 12 años) y el año pasado fue con los conciertos de Johan Sebastian Bach. El ganador se va al país del compositor por dos meses para que conozca los lugares en donde compuso y descompuso su obra y su vida. Una bandera roja y frugal del colegio Fe y Alegría se mezcla con las rutilantes del Recoleta, las adornadas del peruano-chino Juan XIII y las elegantes del Isabel Flores de Oliva y el Sagrados Corazones Belén. En estrados superiores están sentados casi 500 colegiales, la mitad con los pulcros sacos y corbatas azules del San Pedro ─con un profesor de rostro ígneo, con poca amabilidad para conversar─ y las chicas de etiqueta verde del Villa Cáritas. Ambos son los colegios auspiciadores. El ambiente es tan aséptico y la organización tan acerada y eficiente, sin escalofríos, que cuando llega un camarógrafo de televisión con el polo necrófilo del grupo metalero Tierra Santa: produce un mínimo descalabro divertido. Abajo, en silla de ruedas, la barra de la escuela para muchachos discapacitados La Fe en el Señor se junta con la del colegio América del Callao. Sesenta cubículos con un audífono cada uno esperan orejas nerviosas. Los colegiales se ubican poco a poco allí con el coro de colores de sus chompas. Más que por férreas órdenes, es la sonata "Claro de luna" de Beethoven, que se escucha de pronto, la mejor invitación a desactivar los celulares. OÍDOS A LA OBRA La primera ronda consta de dos audiciones de 30 segundos, que pasa la mayoría sin dilemas. Apuntan los códigos en sus pizarrones y los alzan a la velocidad del sonido. Es en la segunda ronda, con cuatro audiciones de 15 segundos donde comienzan los apuros. Un devaneo de violines vivaces del cuarto movimiento de la Octava Sinfonía se baja a nueve concursantes de tirón que no la pueden identificar. El alumno del Robert E. Torneau se contiene las lágrimas con tesón. Luego un pasaje etéreo de la cuarta sinfonía saca a 15, entre ellos a Pedro Yucra, el representante invidente del Fe y Alegría de Chorrillos. La tercera ronda de 10 segundos le da de baja a la mitad, entre ellos a Vicente Meneses, del colegio Prescott de Arequipa. (Los jueces no lo decretan perdedor, pero él, legal y en realidad aficionado más de Debussy que de Beethoven, les avisa que también erró la clave). Romy Timoteo, de 10 años y quien se vino corriendo desde los alrededores del aeropuerto donde queda el Mark Twain con su cordón de brigadier general, se va con una sonrisa gigante. Quedan siete. La cuarta ronda con diez audiciones de cinco segundos ya aterra. Y salen dos dignamente, que son homenajeados por sus barras, sobre todo cuando sale el del auspiciador San Pedro, a quien desconsolado sacan del auditorio. La quinta ronda con audiciones de tres segundos fue devastadora para uno de los favoritos: Rodrigo Navarro del Juan Pablo II. Era el más carismático, no paraba de mover la cabeza como si estuviera 'pogueando' con Sex Pistols en 'no' mayor. Ya quedan tres. Entre estos, Romina Rengifo del colegio Belén. Entre el público, la aplaude Stefania Braganini, su compañera del mismo colegio y la ganadora del certamen sobre Bach del año pasado. Tenía 13 años cuando esta también aficionada a la música trance se transó una final con los poros de punta. Se trenzó con el gorrión del colegio San Pedro en veinte rondas de un solo segundo sin poder desempatar (la ronda 18, ambos se equivocaron y les retornó el alma al oído). "La última pieza fue el Concierto Brandemburges número 1. Él no la supo y yo me puse a llorar de la emoción". Sin embargo en la sexta ronda de dos segundos, luego de seis empates, sale Romina y deja en tercer lugar al hegemónico Sagrados Corazones Belén. Las reacciones del público han sido sincrónicas, incluso inconscientemente los aplausos duraban lo que el tiempo de audición. A Romina la despiden con rápidos dos segundos de palmas. La final es una mezcla de Ripley y de Hitchcock. Hay que adivinar una pieza en un segundo: y sálvese quien suena. Una bandera con un ancla-cruz azul, sostenida por apenas dos personas chinchanas anima a Pablo Rosales; quien con la cabeza baja parece haberse ido de retiro a un lugar dentro sus sienes. Jorge Robles, en cambio, está eufórico, voltea a cada rato, sostiene su pizarrón con agitación, se da hurras a sí mismo con los brazos en guardia, hasta que su pasión lo vence: suena un adagio de la sinfonía número 1 y se descontrola. El pizarrón con la clave "Sb 11" que alza como catatónico Rosales lo da como ganador. Él lo mantiene en alto, más ido que nunca, y tienen que avisarle que lo baje. Y luego anunciarle que ya ganó, que por favor se levante y dé la cara, que el público lo quiere ver. Su cara es de quien ha visto un espectro mirándose en el espejo. Su emoción es digna de quien se alegra por el gol de descuento de un equipo que perdía por nueve goles. "Mi carácter es calmado, mi técnica es no pensar que existen rivales, por eso siempre cerraba los ojos, yo ni sabía que habíamos quedado solo dos, imaginaba que era más gente", dice con fina apatía este joven de 16 años, hondamente católico, que toca piano y flauta ─tiene composiciones propias, al estilo contrapuntístico de Bach─ que gusta también de la música criolla, pero jamás del rock. De repente se le acerca Jorge Robles y casi lo descoyunta de un abrazo. "Yo soy un apasionado del arte, la pintura, la música, la actuación, toco el violín en la Filarmónica de mi colegio y en la Sinfónica Juvenil", carraspea Jorge con cara de querer exigirle ahora mismo la revancha, con ese jubiloso calor que solo generan los perros jugando. Mientras tanto, Pablo parece inmune a la celebración. Paul Morand decía que "los gatos son incomprendidos porque no se dignan a explicarse: son enigmáticos únicamente para quien ignora la potencia expresiva del mutismo". Y Pablo solo escucha. Historia del CAM 2005 El Certamen de Audición Musical es organizado por los colegios San Pedro y Villa Cáritas, pertenecientes al Sodalicio de Vida Cristiana. Este último se realizó el viernes 23 de setiembre de 2005 en Rinconada del Lago. El ganador se hizo acreedor a un pasaje y estadía de dos meses para visitar las ciudades de Berlín y Bonn, en Alemania.
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