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Roma, 14/10/05 (Noticias Sodálites) - El día 12 de octubre, fecha en que la Iglesia en España y Latinoamérica se celebra la Fiesta de Nuestra Señora del Pilar y en Brasil a Nuestra Señora Aparecida, el Fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, Luis Fernando Figari, hizo uso de la palabra en la XVI Congregación General del Sínodo de los Obispos. La Sala de Prensa de la Santa Sede consignó un extracto de su intervención: «En estos días de magnífica experiencia de vida eclesial el asombro ante el misterio ha cundido ante las reiteradas miradas a la Eucaristía. Se constata que es fundamental ahondar en la valoración del sacrificio amoroso y gratuito del Hijo de María, la conciencia de lo que significa el milagro de la Presencia Real, de cómo se vive la dimensión del Sacrificio Sacramental, sobre la participación en la Misa dominical, la vinculación de la Penitencia y la comunión, la Adoración del Señor Jesús que permanece como Emmanuel en el Santísimo, sobre el ars celebrandi, la comunión espiritual, como valor en sí y respuesta a dolorosas situaciones pastorales, y tantos otros temas fundamentales. El impacto del agnosticismo funcional, la secularización y tantas malignas corrientes que sellan la “cultura de muerte” invitan a una creciente y ardorosa nueva evangelización ad intra Ecclesiae, ante las debilidades que se constatan. La fe, clave de la vida cristiana, es el fundamento que nos permite acercarnos a la Eucaristía, y por ello merece una atención especial. Ello exige una recta perspectiva antropológica y cultural, así como una detenida mirada al proceso de cómo la nostalgia de infinito y la cuádruple reconciliación de la persona humana son escamoteadas por muchos sucedáneos que ofrecen las ideologías y la praxis de este tiempo. La mirada de fe al don de la Eucaristía debería conducir a la maravilla continua y a clamar: “¡Señor mío y Dios mío!”. Como otros, el tiempo de hoy tiene también características y exigencias que constituyen un desafío a la vida cristiana y a la evangelización. Pero con el auxilio que viene de Dios no serán insuperables. Debemos ser, sí, conscientes de nuestras fragilidades, y desde ellas abrirnos a la luz y fuerza que viene en nuestro auxilio, y así vivir y dar razón al mundo de nuestra esperanza.» Ver también: Versión en italiano de la Sala de Prensa de la Santa Sede Diario El Comercio, 14/10/05 Aci Prensa, 12/10/05 Noticias Eclesiales 13/10/05
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