| Diario El Comercio, Perú, 23/10/05 |
Obispos de todo el mundo reafirman que el celibato es un regalo de Dios e invocan a sacerdotes, familias y catequistas a promover el trabajo de evangelización y de educación en la fe
ESPECIAL CONCLUSIONES DEL SÍNODO
Hemos tomado conciencia de los sufrimientos causados por las guerras, el hambre, las diferentes formas de terrorismo y de injusticia, que afectan a la vida cotidiana de millones de personas. La violencia en Medio Oriente y en África nos han sensibilizado ante el olvido que sufre el continente africano. Los desastres naturales, que parecen hacerse más frecuentes, obligan a considerar la naturaleza con más respeto y a reforzar los lazos de solidaridad con las poblaciones afectadas.
No hemos permanecido en silencio... Hemos recordado y denunciado las situaciones de injusticia y de pobreza extrema en todas partes, especialmente en América Latina, África y Asia.
¿Qué hacer para que, en esta era de globalización, la solidaridad triunfe sobre el sufrimiento y la miseria? Nuestro pensamiento se dirige a los que gobiernan las naciones, para que, con diligencia, aseguren a todos el bien común y promuevan la dignidad de cada persona, desde su concepción hasta su muerte. Promuevan leyes respetuosas del derecho natural respecto al matrimonio y a la familia.
Doscientos cincuenta y seis prelados de 118 países participaron durante tres semanas en la misión de ayudar al papa Benedicto XVI a realizar su tarea de gobierno y a entender, según las necesidades de la Iglesia, los profundos cambios que se registran en el mundo y ofrecerle propuestas para actualizar la pastoral eucarística.
La Eucaristía como fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia ha sido el tema central de la cita, en la que los prelados invitan a la oración para que exista plena unidad y reconciliación de las iglesias locales, incluyendo China, cuyos prelados fueron impedidos de participar por ese gobierno.
El tema que más ha preocupado al sínodo es la secularización de la sociedad, sobre todo en el Viejo Continente, donde se nota un alejamiento de lo religioso y las verdades de la fe por un relativismo ético y la pérdida del sentido del pecado.
Frente a ello han reafirmado la convicción de la Iglesia de que en la Eucaristía se encuentra la presencia real de Jesucristo y significa desde los orígenes una sola fe y una sola Iglesia, alimentada por un mismo pan de vida y en comunión visible con el sucesor de Pedro.
Otro tema que se abordó fue la crisis de las confesiones, la pérdida del sentido del pecado y la falta de vocaciones sacerdotales, aunque, no obstante, se resaltó el incremento de las mismas en países asiáticos y en los movimientos eclesiales, y se invocó a promoverlas.
El celibato es un regalo de Dios y es incompatible la ordenación sacerdotal de hombres casados, sostienen unánimes los obispos, quienes dejan claro también que los divorciados que se han vuelto a casar no pueden comulgar, lo que no impide que participen vivamente en las actividades de la Iglesia.
Se reafirma así que el Concilio Vaticano II puso las bases para una reforma litúrgica y se incentiva a los sacerdotes, familias y catequistas a promover el trabajo de evangelización y educación en la fe al inicio de este milenio.
Se invoca a los jóvenes a desarrollar los valores positivos del mundo y cambiar lo injusto y violento. A las familias a que transformen la unión conyugal en un templo del Espíritu Santo. Y a los enfermos a que se unan al sacrificio de Cristo.
DELEGACIÓN PERUANA
Entre los 256 obispos reunidos en representación de los 4,500 prelados del mundo, participaron cuatro peruanos: el cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima; monseñor Juan Ugarte, arzobispo del Cusco; monseñor Pedro Barreto, arzobispo de Huancayo; y el laico consagrado Luis Fernando Figari, fundador de Sodalicio de Vida Cristiana.
"Eucaristía, pan de vida para la paz del mundo" es el título del documento final de 17 páginas, sobre el que el Papa hizo una exhortación y dio un mensaje a aquellos que sufren en el mundo y a la humanidad entera, para que no pierda la esperanza en el futuro.
El Comercio conversó con uno de los peruanos que participó en esta importante cita, que se desarrolló desde el 3 de octubre en el Vaticano. El laico consagrado Luis Fernando Figari analizó los principales temas abordados.
"El problema de la falta de sacerdotes es un asunto de falta de respuesta a la vocación. Por eso se dice que no hay crisis de sacerdotes, sino crisis de respuesta. Dios sigue llamando, pero las personas son más reacias a oír su llamado", señaló.
Mencionó que para superar esta situación se requiere un esfuerzo pastoral que recuerde a los cristianos qué es la vocación y que se trata de un llamado de Dios.
"Muchos desconocen lo que es la vocación y la confunden con una preferencia personal, como si de elegir carrera se tratara. Tras este paso es fundamental ayudar a que los católicos se sensibilicen ante lo que significa el llamado que Dios hace a personas para que sigan el camino del sacerdocio", sostuvo.
Sobre el celibato del sacerdocio, Figari remarcó que es un asunto definido. "Quienes esperan que la Iglesia se comporte al vaivén de los tiempos no comprenden bien qué es la Iglesia. Su doctrina y disciplina no son una opción de capricho o coyuntura", añadió.
Ver también:
El documento final del sínodo