| Diario La Tercera, Santiago de Chile, 01/05/05 |
JÓVENES SODALICIOS
Es lo que anhelan estos cinco chilenos integrantes del Sodalicio de Vida Cristiana, un movimiento católico nacido en Perú que a poco andar en Chile ha conquistado a la juventud que le rodea con una propuesta muy contraria a la moda: celibato, vida en comunidad, acercamiento a Dios. ¿Qué lo hace diferente a otros movimientos laicos presentes en nuestro país?
DE SEIS AÑOS instalados en Chile, el movimiento católico de origen peruano Sodálite –conocido acá simplemente como Sodalicios– está dando sus primeros frutos: dos hijos de la alcaldesa de Lo Barnechea, Marta Ehlers, se han ido a Lima para convertirse en religiosos de esa comunidad junto a otros seis más.
Al igual que ellos, cerca de 70 jóvenes de distintas nacionalidades se forman en sus seminarios ubicados en las cercanías de la capital peruana. La gran mayoría con el fin de consagrarse como laicos, lo que significa que hacen los mismos votos de castidad, pobreza y obediencia sin ser curas o monjas.
La cifra, que ya se la quisiera la Iglesia chilena, dada la escasez de vocaciones que experimenta, lleva a preguntarse la razón del éxito. Fundado en la década del 70 por Luis Fernando Figari, para algunos se trata de un movimiento conservador de elite más, muy similar en sus características al Opus Dei y los Legionarios de Cristo. Se dice que en Perú los apodan como "Sodalités", en referencia a que apuntan a influir en la clase alta.
Alessandro Moroni, superior de los Sodalicios en Chile, aclara extrañado: "Primera vez que escucho algo así. Nos llaman Sodálite, no Sodalités. Decir que somos elitistas es una visión sesgada, un error. Jesucristo llama a todos sin importar su condición social ni su dinero. Nuestros acentos son el trabajo con los jóvenes, la evangelización de la cultura, el trabajo con la familia y con los más necesitados".
Agrega que la única explicación para su auge (hoy están presentes en Argentina, Ecuador, Colombia, Brasil, Costa Rica, Estados Unidos, Chile e Italia) radica en que este nuevo tipo de vocaciones está siendo suscitado por el Espíritu Santo, de acuerdo al momento que vivimos. "Así como en algún momento de la historia lo fue la vida monacal", dice Moroni.
Otra visión entrega el sacerdote benedictino chileno padre Mauro Mathei, que los conoce de cerca: "El tema interesante está en averiguar por qué estos movimientos considerados ‘conservadores’ tienen tantas vocaciones, a diferencia de otros que se proclaman de ‘avanzada’. Yo creo que es porque aportan un aire fresco, se atreven a ir contra lo que está de moda y por eso cautivan a la juventud.Hace poco escuché decir a un sacerdote de una congregación muy moderna que habían perdido 10 sacerdotes jóvenes en los últimos siete años y ¡eso es mucho! ¿Cómo es posible que a los dos años de ministerio ya estén aburridos?".
Interesante dilema, aunque, según monseñor Andrés Arteaga, obispo auxiliar de Santiago y vicario episcopal para las Asociaciones Laicales, los Sodalicios no han venido a Chile a buscar vocaciones: "No les he visto una agresividad proselitista. Hasta ahora la mayoría de sus postulantes son peruanos, sólo han surgido unos pocos chilenos, pero eso también es un buen signo. Visité en Perú su seminario y tienen una fuerza inicial importante. Conozco a su fundador, que es miembro del Pontificio Consejo de Laicos, y he tenido a varios de sus integrantes como alumnos en la Universidad Católica. Tengo muy buena impresión de ellos. Quieren llegar a los conductores de la sociedad tal como empiezan todos, los jesuitas partieron así también".
Para el prelado no es novedad su interés en radicarse en nuestro país, pues él todos los años recibe muchas solicitudes de apertura de distintos movimientos. "Es algo muy común, pero para tener la aprobación deben cumplir con cinco requisitos"(ver recuadro), agrega monseñor Arteaga.
UN PEDACITO DE CIELO...
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| La alcaldesa de Lo Barnechea, Marta Ehlers, acompañada de sus hijos Cristóbal y Sebastián. Este último y su hermana María José se preparan para ser sacerdote y religiosa de los Sodalicios, respectivamente. |
Marta Ehlers habla con orgullo de sus hijos Sebastián y María José Correa Ehlers, quienes ingresaron al movimiento: "Todos mis hijos son muy especiales y hace mucho tiempo se los entregué al Señor. Dos se han casado –Carlos José y Francisca–, y dos se preparan para consagrarse de por vida a Dios. Sólo me quedan en casa Cristóbal, que está por recibirse de arquitecto, y Fernanda, que hace cuarto medio en el Colegio Apoquindo, el mismo en que han estudiado sus hermanos", cuenta.
Fue en ese colegio donde Sebastián conoció a los Sodalicios. Ellos lo prepararon para su Confirmación. "A mis hijos les gustó lo mismo que me encanta a mí: los Sodálite son personas muy cercanas y súper alegres, eso impacta muchísimo. Cantan seis y parece que fueran 60. Te llegan al corazón. Su espiritualidad es evangelizar ayudando a los más desposeídos. Son muy rectos, de una sola línea. He ido tres veces a Perú y allá alojo en la comunidad de las laicas consagradas (Fraternidad Mariana de la Reconciliación) y es como estar en un pedacito de cielo. Se vive en una plenitud inmensa. He visto todas las obras que realizan en hospitales, en sectores de mucha pobreza".
Marta Ehlers reconoce que tras el dolor de su separación matrimonial, ocurrida hace cinco años, en su hogar comenzó a florecer una espiritualidad "casi desbordante". "María José, desde los 13 años, ha tenido claro que su camino es la santidad. Ella conversaba conmigo todos los días de su proceso y no te imaginas lo lindo que es sentirse formada por una hija, porque con todo lo que yo me he preocupado de crecer espiritualmente me sentía una hormiga a su lado".
Su hija ingresó a las Siervas del Plan de Dios, que son las religiosas sodalicias que usan hábito, el pasado 27 de diciembre de 2004, después de terminar su cuarto medio y dar la PSU.
–¿Es cierto que la entrevistaron en el diario El Comercio de Lima a raíz de unas acusaciones contra el fundador?
–No fue por eso, me pidieron mi testimonio como mamá y salí con una fotografía inmensa dándole un beso a Sebastián. Parece que creían que uno no podía ni siquiera abrazar a su hijo cuando entraba al seminario. Lo que pasa es que hay papás que les cuesta mucho aceptar la vocación de sus hijos y algunos, los menos, de frentón les dan la guerra. Me tocó conocer en Perú un chiquillo que pidió traslado de país, porque su papá acusaba al movimiento de haber raptado a su hijo. Dios se encargará de que esas familias recapaciten. Son muy pocas y son siempre las mismas, tienen mucha influencia y por eso han generado un revuelo periodístico.
QUIÉNES SON
\ Nombre oficial: Sodalitium Christianae Vitae (Sodalicio de Vida Cristiana)
\ Es una sociedad de vida apostólica de derecho pontificio conformada por 300 laicos consagrados y sacerdotes, y cerca de 14.000 integrantes. Viven en comunidades y la formación inicial es exactamente la misma para los primeros tres años. La administración y dirección está siempre a cargo de laicos, en tanto que los sacerdotes se dedican sólo a la atención espiritual dentro del movimiento y de las personas que adhieren a él como familias, matrimonios, solteros, etc. Las ramas femeninas son las más nuevas y datan de 1991 y 1997, entre laicas y religiosas, respectivamente.
\ A Chile llegaron en 1999 invitados por monseñor Francisco Javier Errázuriz. Tienen una casa en Ñuñoa, donde viven seis laicos consagrados y un sacerdote, otra casa en la Avenida Lyon, con cuatro laicos consagrados, donde funciona el Centro de Estudios Católicos. Hay seis religiosas que trabajan con los ancianos de la Fundación Las Rosas y seis laicas consagradas.
\ En Maipú tienen la capilla Madre de los Apóstoles (Camino a Rinconada), donde atienden pastoralmente a un sector que abarca a 30.000 personas.
\ Se sustentan económicamente con el trabajo de los laicos y aportes voluntarios de los miembros del movimiento.
\ Su espiritualidad es mariano-Cristocéntrica.
OTROS TESTIMONIOS...
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| La ingeniera comercial Pati Pellegrini lleva tres años participando en la familia Sodálite y ahora, por primera vez, será monitora de un grupo de alumnas de octavo básico del Craighouse. |
Felipe de Mussy (22), estudiante de Ingeniera Civil en la Universidad Católica, también conoció a los Sodalicios preparándose para su Confirmación en el Colegio Apoquindo. Pertenece al movimiento desde que partieron hace seis años. "Una vez a la semana nos juntamos con amigos y un Sodálite que dirige el grupo y que en mi caso es Alessandro Moroni. Conversamos y rezamos, a veces hacemos retiros. Cooperamos también con la labor pastoral que ellos realizan en Maipú. En Navidad ayudamos a la elaboración de las cajas para ayudar a las familias más necesitadas del sector".
–¿Qué diferencia a los Sodalicios de otros movimientos?
–Primero, la felicidad que irradian y que creo que es única. También la cercanía que tienen con uno, se puede hablar de todo con ellos y nadie se aterra. Realmente predican lo que enseñan. Me ha cambiado para bien, soy muy feliz. Es como probar un rico plato de comida, después no te conformas con menos".
Felipe este año por primera vez está preparando a un grupo de alumnos de tercero medio del Colegio Apoquindo para su Confirmación. Sus padres hace dos años que se incorporaron al movimiento a instancias de su hijo. "Mi papá ahora está muy metido colaborando en Maipú. Va una vez a la semana, no falta nunca".
Jimmy Aguilera (21), oriundo de Maipú, es aspirante a Sodálite y por ello dejó su trabajo de tres años en una empresa abastecedora. "Mi familia vive a dos cuadras de la capilla a cargo de ellos. Los conocí hace tres años, un día en que estaba en crisis y fui a orar. Ellos me prepararon para la Confirmación", cuenta.
En estos momentos vive una etapa de "discernimiento" en que tiene que averiguar cuál es su real vocación dentro del movimiento: como laico consagrado, sacerdote o para el matrimonio. "Es uno quien en conversación íntima con Dios busca su camino. Nadie te impone nada, porque eso no sirve. Tengo jornadas de reflexión, de formación, de diálogo. Tenemos el legado de los libros que ha escrito el fundador. El que más me ha llamado la atención es Un Mundo en Cambio, que hace ver la realidad de distinta manera, porque los problemas de ayer y de hoy son los mismos. El mundo está en crisis, porque el hombre está en crisis".
Pati Pellegrini (23) es ingeniera comercial de la Universidad Católica en búsqueda de trabajo. Vive en Lo Barnechea y llegó al moviimento en mayo de 2003, cuando unas amigas la invitaron a sumarse a su comunidad. "Yo participaba en ese entonces activamente en una parroquia y estuve en otros movimientos. La verdad es que me decidí, porque me pareció atractivo compartir mi fe con mis amigas. Lo bueno acá también es que uno no es un ente pasivo, que sólo escucha una charla. Me ha ayudado mucho a acercarme a Dios y a conocer mejor a mis amigas. Es más fácil caminar juntos que vivir sola la fe", destaca.
Pati ayuda a la organización del Convivio, que es un congreso de estudiantes católicos que dura tres días y que reúne anualmente a alumnos de enseñanza media de distintos colegios. "En diciembre viajé a Perú a una asamblea de los Sodálites y ahora empezaré acá a dirigir un grupo de niñitas de octavo básico del Craighouse que quieren vivir su fe de manera más comprometida. Eso es lo que he logrado yo en el movimiento: ser coherente entre mi fe y mi vida".
Cecilia Galloso (21) estudia tercer año de Pedagogía General Básica en la Universidad Católica. Conoció a los Sodalicios hace seis años a través de la parroquia en Maipú, donde ella vive. "José, un laico consagrado, me invitó a participar en la agrupación mariana, que es un grupo de chiquillas en que compartes tu fe, tus experiencias de vida con la ayuda de una monitora que para nosotras es la hermana Sandra Zapata. Son las amigas más íntimas que tengo ahora. De ellas, tres se han ido a Perú: una quiere ser laica consagrada y dos, monjitas. Yo también creí que quería ser religiosa, pero en mi discernimiento llegué a la conclusión de que tengo vocación para el matrimonio", dice.
Las postulantes, después del período de discernimiento, pasan a la etapa de formación. Los primeros tres años están todas juntas (lo mismo en el caso de los varones), ya sea que quieran ser laicas o religiosas. "A la par vas haciendo promesas que son temporales, por un año, hasta que pasan ocho años y se hace el compromiso perpetuo, para toda la vida".
Ella considera una bendición la llegada de los Sodalicios a Maipú. "Nuestras misas son súper numerosas. La capilla se ha ido construyendo de a poco, con la ayuda de los vecinos, de las comunidades Sodálite, y son hartos los jóvenes que participan en grupos, matrimonios, hay todo un sello que los distingue. Nuestra meta es cambiar el mundo y hemos podido ver que acercándonos a Dios, todo es posible".
Sofía Espina (18) vive en La Dehesa y está en primer año de Medicina en la Universidad de Los Andes. Conoció a los Sodalicios a fines de 2003 por una compañera de curso en el colegio Apoquindo. "Me gusta, me llena mucho estar en el movimiento. He conocido otros, pero éste me llamó más la atención en todo sentido. Concuerdan con mis ideales y es una forma concreta de conocerse a sí mismo para poder ayudar a los demás. Los Sodalicios atraen a los jóvenes, porque ellos tienen un espíritu joven. No se quedaron en el pasado". \\
LOS REQUISITOS
\ En 1997, los Sodalicios recibieron la aprobación oficial del Papa Juan Pablo II, requisito primordial para poder expandirse a países como Chile. El vicario episcopal para las Asociaciones Laicales, monseñor Andrés Arteaga, cuenta que para poder trabajar en la Arquidiócesis los movimientos deben: incentivar en sus miembros una experiencia concreta de Jesucristo, una experiencia concreta de Iglesia, una pedagogía de la fe con un acento específico, un afán misionero y un estilo de vida acorde con los valores cristianos.
\ El padre Augusto Rojas, licenciado en Derecho Canónico, explica que el Consejo Pontificio de Laicos estipula para las asociaciones universales e internacionales las siguientes condiciones: "Tener miembros en diferentes países; favorecer los cambios de impresiones, comunicaciones y diálogos entre sí; formar a sus miembros en el espíritu internacional y desarrrollar entre ellos el sentido de responsabilidades a este nivel; tener una visión universal superando el marco de las naciones y de las regiones". Además, contar con estatutos que no pueden contener prescripciones contrarias al derecho común y particular de la Iglesia y en los que deben fijarse las normas sobre adquisición y administración de los bienes y las facultades de la autoridad eclesiástica. "Una asociación podrá disolverse por voluntad de los miembros y por decisión de la autoridad eclesiástica. Cada obispo tiene por propia autoridad el permitir la actuación de una asociación en su diócesis, aunque sea una asociación internacional", concluye Rojas.
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