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DESPUÉS DE SEIS AÑOS instalados en Chile, el
movimiento católico de origen peruano Sodálite –conocido acá
simplemente como Sodalicios– está dando sus primeros frutos: dos
hijos de la alcaldesa de Lo Barnechea, Marta Ehlers, se han ido a
Lima para convertirse en religiosos de esa comunidad junto a otros
seis más.
Al igual que ellos, cerca de 70 jóvenes de distintas
nacionalidades se forman en sus seminarios ubicados en las cercanías
de la capital peruana. La gran mayoría con el fin de consagrarse
como laicos, lo que significa que hacen los mismos votos de
castidad, pobreza y obediencia sin ser curas o monjas.
La cifra, que ya se la quisiera la Iglesia chilena, dada la
escasez de vocaciones que experimenta, lleva a preguntarse la razón
del éxito. Fundado en la década del 70 por Luis Fernando Figari,
para algunos se trata de un movimiento conservador de elite más, muy
similar en sus características al Opus Dei y los Legionarios de
Cristo. Se dice que en Perú los apodan como "Sodalités", en
referencia a que apuntan a influir en la clase alta.
Alessandro Moroni, superior de los Sodalicios en Chile, aclara
extrañado: "Primera vez que escucho algo así. Nos llaman Sodálite,
no Sodalités. Decir que somos elitistas es una visión sesgada, un
error. Jesucristo llama a todos sin importar su condición social ni
su dinero. Nuestros acentos son el trabajo con los jóvenes, la
evangelización de la cultura, el trabajo con la familia y con los
más necesitados".
Agrega que la única explicación para su auge (hoy están presentes
en Argentina, Ecuador, Colombia, Brasil, Costa Rica, Estados Unidos,
Chile e Italia) radica en que este nuevo tipo de vocaciones está
siendo suscitado por el Espíritu Santo, de acuerdo al momento que
vivimos. "Así como en algún momento de la historia lo fue la vida
monacal", dice Moroni.
Otra visión entrega el sacerdote benedictino chileno padre Mauro
Mathei, que los conoce de cerca: "El tema interesante está en
averiguar por qué estos movimientos considerados ‘conservadores’
tienen tantas vocaciones, a diferencia de otros que se proclaman de
‘avanzada’. Yo creo que es porque aportan un aire fresco, se atreven
a ir contra lo que está de moda y por eso cautivan a la
juventud.Hace poco escuché decir a un sacerdote de una congregación
muy moderna que habían perdido 10 sacerdotes jóvenes en los últimos
siete años y ¡eso es mucho! ¿Cómo es posible que a los dos años de
ministerio ya estén aburridos?".
Interesante dilema, aunque, según monseñor Andrés Arteaga, obispo
auxiliar de Santiago y vicario episcopal para las Asociaciones
Laicales, los Sodalicios no han venido a Chile a buscar vocaciones:
"No les he visto una agresividad proselitista. Hasta ahora la
mayoría de sus postulantes son peruanos, sólo han surgido unos pocos
chilenos, pero eso también es un buen signo. Visité en Perú su
seminario y tienen una fuerza inicial importante. Conozco a su
fundador, que es miembro del Pontificio Consejo de Laicos, y he
tenido a varios de sus integrantes como alumnos en la Universidad
Católica. Tengo muy buena impresión de ellos. Quieren llegar a los
conductores de la sociedad tal como empiezan todos, los jesuitas
partieron así también".
Para el prelado no es novedad su interés en radicarse en nuestro
país, pues él todos los años recibe muchas solicitudes de apertura
de distintos movimientos. "Es algo muy común, pero para tener la
aprobación deben cumplir con cinco requisitos"(ver recuadro), agrega
monseñor Arteaga.
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